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La capital de Serbia cuenta con 1,7 millones de habitantes y es considerada la tercera más grande del sureste de Europa, después de Estambul y Atenas. Belgrado es una ciudad que vive tratando de olvidar los estigmas del pasado (guerra de los Balcanes) y construir hacia el futuro con el fin de pertenecer a la Unión Europea.

Se dice que Belgrado ha sido conquistada y reconquistada unas 80 veces y destruida hasta en 40 ocasiones a lo largo de sus 2.300 años de historia. La “ciudad blanca” (Beo-blanco, Grad-ciudad) ha sido durante mucho tiempo el centro de poder de los países de lo que en su día fue Yugoslavia (al recordar la historia se puede percibir el ansia de dominio de Serbia sobre el resto de los países de los Balcanes) pero también el objetivo bélico por su situación entre los imperios otomano y austrohúngaro.

Al recorrer sus calles se siente la esencia de la antigua Yugoslavia. Rodeada de grandes y hermosos parques y bañada por el Danubio y el Sava, esta gran urbe está definida por enormes construcciones de hormigón -muchas de ellas dispuestas como bloques rectángulares-  y con un marcado estilo soviético donde predomina la austeridad y la funcionalidad. El color gris de sus edificios -en gran parte destartalados-  y las caóticas avenidas engalanadas con la catenaria y los railes que comparten trolebuses y tranvías te trasladan, sin duda, a la época comunista. Por esta razón, la imagen que ofrece al principio es de una ciudad gris, pero esa sensación se desvanece cuando descubres las zonas interesantes.

Skadarlija, el “Montmartre” de Belgrado

La calle Skadarlija (Skadarska) es una de esas zonas que dan color a la ciudad y constituye la espina dorsal del barrio bohemio de Belgrado. Es una pequeña calle peatonal de visita obligada por ser una de las más coquetas y singulares. Desprende un encanto especial por estar adornada con grandes adoquines; altas y estrechas fachadas pintadas con colores pastel y bares-restaurantes con hermosas terrazas de flores. Un lugar perfecto para probar la exquisita y sabrosa comida serbia deleitándose con música cíngara en directo.

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Zenum, antiguo barrio de pescadores

Zenum es otra visita obligada. Situado al norte y alejado del resto de la ciudad es -junto con Skadarlija- uno de los sitios con más luz, color y encanto de Belgrado. Bañadas por el Danubio y con una marcada influencia de la Casa Habsburgo (el Reino de Serbia fue una provincia de la monarquía de los Habsburgo desde 1718 hasta 1739, único periodo de tiempo en que ha sido constituido como monarquía) las calles empedradas, y la sucesión de casas con tejados puntiagudos y balcones de flores constituyen un gran atractivo para el visitante. A lo largo del río, se encuentran decenas  de restaurantes con terraza cuidadosamente adornados. Entre ellos, el “Milagro” de cocina española con buenos productos ibéricos y algo más caro de lo habitual.

Los habitantes de este área sienten gran orgullo de residir en ella. De hecho, muchos de ellos dicen ser de Zenum y no de Belgrado.

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Convergencia del Rio Danubio y el Sava

El Rio Sava (afluente serbio del Danubio) serpentea por la ciudad condicionando su estructura. La urbe se levanta a lo largo de las dos orillas, conectada por varios puentes, haciendo que desprenda una belleza especial, esa belleza con la que cuentan las ciudades con grandes ríos. En el caso de Belgrado, esta toque de encanto viene acompañado por la singularidad de la convergencia del caudaloso Danubio que baja desde centro Europa hasta encontrarse con su afluente serbio Sava.

La unión de los ríos se puede observar tanto desde Belgrado como desde el distrito de Nuevo Belgrado (una zona de nueva construcción sin especial interés turístico pero con una arquitectura basada en el estilo de Le Corbusier). Desde el parque Kalemegdan y la antigua fortaleza de Belgrado (otro de los puntos más importantes de la ciudad) las vistas son muy recomendables después de haber paseado por sus murallas, y su enorme parque que cuenta -incluso- con un zoológico. Es muy habitual ver a los ciudadanos disfrutar de esta zona verde en los días de sol, días en que terrazas y bares también se llenan.

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San Sava

San Sava- BelgradeEs la iglesia ortodoxa más grande de Europa y está dedicada a San Sava, fundador de esta orden religiosa en Serbia. El templo (todavía inacabado por dentro) rememora al fundandor cuyos restos fueron incinerados en 1595 por los turcos otomanos. La construcción comenzó en 1935, teniendo varios periodos en los que no se pudieron continuar las obras. Uno de ellos, durante la república de Yugoslavia por la imposición aconfesional de sus dirigentes. Tras la caída del comunismo europeo, las obras se reanudaron financiándose desde entonces únicamente con donaciones.

El encantador barrio de Savala

En tan sólo tres días es difícil descubrir sitios alternativos e interesantes que probablemente disfrutan los lugareños, pero el recorrido hacia el hotel ha hecho que pase tres veces por el puente Brankov y encuentre el que será a partir de ahora mi lugar preferido de Belgrado. Se trata de un edificio gris y destartalado construido en 1870 que se encuentra en la calle Karađorđevoj a orillas del río Sava, a los pies del puente y a unos cientos de metros de la fortaleza Kalemegdan. Enredaderas de plantas suben por los muros de este edificio cubierto de graffitis que albergan un curioso bar de jazz (Jazz Basta), un albergue urbano (Dorm One Hostel) y un restaurante de comida organica llamado  Gnezdo, recomendado por Trip Advisor.

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La densidad del tráfico deja a los ciudadanos pocos pasos de peatones (para mi gusto) en las grandes avenidas de las afueras, donde son habituales los pasos subterráneos. En el centro, sin embargo, hay varias calles peatonales entre ellas la famosa Knez Mihailova, tipica calle comercial que se extiende desde la céntrica Plaza de la República hasta la fortaleza Kalemegdan.

Me ha llamado mucho la atención el poco uso de monedas en el día a día. En este viaje tan sólo me han devuelto el cambio con monedas en una ocasión. Tanto que en las oficinas de cambio de divisa no tienen monedas de euro. Se recomienda, por tanto, ir con cantidades equivalentes que superen los 5€. En caso contrario, puedes quedarte con el recuerdo de los billetes o bien donarlo para diferentes causas en las urnas que hay a lo largo de todo el aeropuerto. Para Los lugareños aseguran que son más habituales cuando realizas pequeñas compras en tiendas y supermercados. Los dinares serbios en billete van desde los 10 hasta los 5.000, mientras que para las monedas utilizan la subdivisión “para” en la que 1 dinar equivale a 100 paras. Para tener una idea del cambio de divisa 1.000 dinares equivalen a 8€.

Belgrado es conocida por su animada vida nocturna. No he tenido la oportunidad de comprobarlo, pero los numerosos clubes, bares y discotecas (como las conocidas como “discotecas flotantes” en los barcos atracados en el muelle del Sava) dan cuenta de ello.

Arte callejero en Belgrado

La ciudad te ofrece miles de pintadas, firmas y grafittis que la hacen a la vez caótica e interesante. Uno de los que más me han llamado la atención por la fuerza del mensaje que transmite es el primero de esta galeria de fotos:

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Curiosidades de Belgrado

  • Abunda la gente muy alta y de ojos claros. No es habitual encontrar mujeres con el pelo rizado y los hombres son algo descarados. Se ve que las mediterráneas les resultan exóticas.
  • Están pendientes del proceso soberanista catalán. Durante tres días, varios han sido los que han querido conocer más detalles.
  • Mucha presencia de la cultura griega. Es fácil encontrar bancos helenos como Pireus o Alpha Bank. Se entiende, al saber que Tesalonika es uno de los destinos favoritos para los serbios y que comparten la religión ortodoxa. Es fácil encontrar, también, comida típico de Grecia (son habituales los gyros souvlakis y las ensaladas griegas).
  • Las comidas son baratas y las carreras en taxi también. Se puede comer por unos 6 euros y los recorridos en taxi por el centro rondan los 600-700 dinares (entre 5-8 euros). El traslado al aeropuerto está entre 1.400 y 2.000 dinares (15-20€).
  • La mayoría de las indicaciones están escritos en cirílico, pocos son los que utilizan el alfabeto latino.
  • “Hvala” significa gracias. Siempre viene bien conocer alguna palabra en su idioma. Los ciudadanos que son muy amables, te lo agradecen.

Una imagen vale más que mil palabras, seguro que las siguientes fotos consiguen transmitir la esencia de Belgrado, en el corazón de Serbia.

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